Desde el comienzo del Foro Social Mundial y en sus sucesivas ediciones en Porto Alegre, Bombay y Nairobi, ha constituido uno de sus ejes transversales la profundización y el dialogo sobre las diferentes espiritualidades y éticas como parte importante y fundamental en la construcción de ese otro mundo mejor posible que el Foro abandera.

El Foro ha sido muy consciente desde siempre que el papel de las espiritualidades y éticas no es menos importante que el de la economía, la política, los derechos humanos, la ecología, etc. Es más, que unas espiritualidades y éticas liberadoras son condición de posibilidad para la liberación integral y material de los pueblos de la tierra. Que las espiritualidades y éticas pueden hacer avanzar o retrasar el proceso emancipatorio de los pueblos y las personas de una manera decisiva porque la justicia global no es solo un problema técnico, ideológico y socio-político-económico sino también cultural, espiritual y ético.

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En fin, se ha concluído que sería un error, no solo antropológico sino también político, excluir las espiritualidades y éticas del foco de atención de los participantes de cualquier Foro Social Mundial. Como también seria un error ético-espiritual evadir la dimensión socio-política de las éticas y espiritualidades. De hecho el próximo F.S.M. a celebrar en la Amazonía presenta como primer objetivo en su propuesta inicial la siguiente formulación “Por la construcción de un mundo de paz, justicia, ética y respeto de las diversas espiritualidades, libre de armas, especialmente las nucleares”.

Por eso, de la misma manera que se han celebrado en diferentes lugares foros temáticos sobre diversos temas de interés (migraciones, agua, mediterráneo…) en el marco de la Carta de Principios del F.S.M., también tiene pleno sentido realizar uno sobre espiritualidades y éticas en el mismo marco. Es decir unas espiritualidades y éticas que, entre otras cosas, según dice el primer principio de la Carta, “se opongan al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo y, también, empeñadas en la construcción de una sociedad planetaria orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de estos con la tierra”.

Es por estos y otros motivos similares que convocamos, desde la “Iniciativa Cambio personal, Justicia Global” (ICPJG), tanto a las organizaciones y colectivos de diversos trabajos o luchas sociales como a los colectivos dedicados a la profundización ética o espiritual, interesados en una mayor información o en la colaboración, de alguna forma, en la organización y difusión de FORO SOCIAL (temático) DE ÁMBITO ESPAÑOL PARA EL AÑO 2009 SOBRE “ESPIRITUALIDADES Y ÉTICAS PARA OTRO MUNDO MEJOR POSIBLE” a una REUNIÓN PREPARATORIA del mismo.

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En la reunión se presentarán propuestas a debatir sobre composición del comité organizador del Foro, programa, calendario, logística para su preparación, lugar y fecha. Esta reunión será en Sevilla el Sábado 27 de Septiembre a las 9.30 a. m. en la Casa de las Culturas (C/ Sta. Clara 14) sede de la ICPJG. Se convoca solo a una o dos personas máximo por organización y la asistencia debe comunicarse con anterioridad al correo personayjusticia@gmail.com o a nuestro teléfono 663291722. También se debe comunicar si se desea reservar comida (9 euros) y/o alojamiento gratis en casas particulares (número limitado). (como máximo, el 20 de Septiembre, una semana antes de la Reunión) a este mismo correo.

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Justicia y Paz para todos desde el espíritu y la ética, Junta Directiva y Equipo Coordinador de la “Iniciativa Cambio Personal, Justicia Global, CPJG ” y “Casa de las Culturas”

Youtube: http://es.youtube.com/personayjusticia
Correos: personayjusticia@gmail.com y casadelasculturas@gmail.com
Blog: http://personayjusticia.wordpress.com
Teléfono: 663 291 722

Fuente: Iniciativa Cambio Personal, Justicia Global

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Información relacionada en el blog Espiritualidad y Política:

Encuentro “Espiritualidades – éticas y lucha por la Justicia Global”
“Altas verjas, mayores esperanzas”, por Koldo Aldai

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Por Jose María Castillo

Asumir la vida de la gente

La espiritualidad será un problema sin solución mientras no asuma a la persona entera, es decir, mientras no tome en serio a la persona real tal como existe en el mundo y en la sociedad concreta en que le ha tocado vivir. Porque el problema no está en santificar a las almas, sino en lograr que los hombres vivan el mensaje de Jesús.

Ahora bien, lo primero que hace falta para lograr que los hombres vivan el mensaje de Jesús es asumir la vida del hombre. Esto lleva consigo, por supuesto, asumir la relación del hombre con Dios. Pero también lleva consigo asumir la relación con los demás y con la sociedad en la que viven los demás. Todo lo que no sea partir de este planteamiento es lo mismo que situar­ se en el terreno de la abstracción. Y por eso, en el terreno de lo que no existe.

En consecuencia, si la espiritualidad quiere ser algo digno de tomarse en cuenta, no tiene más remedio que preocuparse, no sólo por la relación «religiosa» del hombre y por sus relaciones «interpersonales», sino además por sus relaciones «sociales», «económicas», «culturales» y «políticas».

Además, se trata de tomar en serio todo eso a la vez. Porque el hombre no es sólo relación a Dios y a los demás tomados co­mo individuos. El hombre es al mismo tiempo —lo quiera o no lo quiera— relación a la sociedad, a las instituciones que fun­cionan en la sociedad, a la cultura, a la economía y a la política. Teniendo muy en cuenta una cosa que me parece fundamental en todo este apunto: que la persona adulta no puede llevar a cabo esas relaciones por intermediarios o «por procurador».


Quiero decir: de la misma manera que la relación con Dios es personal e intransferible, como también lo es la relación inter­personal (nadie puede relacionarse con Dios por otro, ni con los demás), igualmente la relación de cada ciudadano con la socie­dad en sus diversas manifestaciones es un asunto que no se pue­de declinar para que otros lo resuelvan por mí.


Digo esto porque es relativamente frecuente que las perso­nas más intensamente dedicadas a la espiritualidad declinen sus obligaciones cívicas y sociales, porque de eso ya se preocupan los que tienen cargos de responsabilidad en la iglesia. Por eso suele ocurrir que, por ejemplo, muchas religiosas y también al­gunos religiosos varones se despreocupan del conjunto de sus relaciones públicas con la sociedad, la economía y la política, porque de esas cosas ya hay quien se preocupe, los superiores.

Ahora bien, desde el momento en que las cosas se plantean así entre los cristianos —y más concretamente entre los religiosos—, uno no tiene más remedio que preguntarse por qué la relación con Dios es un asunto que cada creyente y cada religioso tiene que resolver personalísimamente (sin que nadie lo pueda hacer por él), mientras las relaciones sociales y cívicas se dejan para que otro las resuelva, si es que las resuelve.


De lo dicho se sigue que si en la iglesia institucional, si en una diócesis, en una parroquia o en una comunidad religiosa se practica la irresponsabilidad social, económica o política, nadie tiene derecho a escudarse diciendo que de esas cosas ya hay quien se preocupe. Porque la iglesia es asunto de todos. Y la co­munidad cristiana o la comunidad religiosa es igualmente asunto de todos los cristianos o todos los religiosos.



De esto se tienen que persuadir todos los creyentes. Y por supuesto, también to­dos los hombres y mujeres que tienen cargos de gobierno en la iglesia y en las órdenes religiosas. Porque de la misma manera que la oración no la puede hacer el obispo o el superior reli­gioso en representación de los demás, lo mismo se debe pensar de las demás responsabilidades que brotan del ser personal en cuanto ser social.

Si un superior religioso se preocupa de que sus súbditos no hacen oración o no celebran la eucaristía, ¿por qué no se preocupa igualmente de que andan sumamente despistados en los asuntos de la vida sindical, económica o política? ¿por qué no le quita el sueño que esos súbditos, con su pretendida «neutralidad» en estos asuntos, en realidad están favoreciendo efectivamente a los que detentan el poder quizás de una manera poco coherente?


Estas preguntas nos deberían llevar a una conclusión que parece bastante obvia: si queremos resolver el problema de la vida espiritual, lo primero que tenemos que hacer es compren­der y programar la espiritualidad como un proyecto de coheren­cia en el conjunto de todas las relaciones de la persona: en las relaciones con Dios, en las relaciones con los demás y en las relaciones con la sociedad.

* * *

Urge programar una labor seria y a fondo de mentalización de los cristianos que estén dispuestos a entrar por el camino de la alternativa. Para hacer comprender a esos cristianos que sin una espiritualidad profunda no pueden pensar en ofrecer algo verdaderamente serio a los hombres de nuestro tiempo.

Pero igualmente, para hacer comprender a esos cristianos que la espiritualidad no se reduce a rezar y participar en los sacramentos. Una espiritualidad que pretenda estar a la altura de los tiempos debe empezar por tomar muy en serio las responsabilidades sociales y políticas que todo hombre tiene como ciudadano.

En segundo lugar, está claro que en la programación de la vida de una comunidad cristiana no sólo debe entrar la «religio­sidad», sino además la «societariedad»., es decir, la instrucción y la praxis del compromiso social y público, con todo lo que eso lleva consigo.

http://www.espacioblog.com/en-red-a-dios/post/2007/03/06/-asumir-vida-del-hombre-espiritualidad-sera-problema

La política es una de las tareas humanas más nobles y más importantes: de su orientación y funcionamiento depende el destino de millones de personas. Por eso, todo ser humano responsable está llamado a implicarse en este ámbito, donde se juega el presente y el futuro de la sociedad, y el no hacerlo supone renunciar a influir en el cambio social.


La fe, cuando es seria y consciente, debe, pues, “meterse en política”, no para manipularla ni para dejarse llevar por los intereses del poder del momento, sino para asumirla como tarea de construcción humana y compromiso por el Reino de Dios: la justicia, la solidaridad, los derechos humanos… pasan necesariamente por la política.


La política y los políticos están viviendo hoy una crisis de credibilidad. ¿No será porque muchos -creyentes y no creyentes- han abdicado de sus responsabilidades como ciudadanos? ¿O será que la política y sus cauces se han vuelto más complejos y necesitados de reflexión, empeño y transformación?


El libro Fe y política. El compromiso político de los cristianos en tiempos de desencanto (de José Ma. Mardones, publicado por Editorial Sal Terrae) trata de aclarar, orientar, informar y reflexionar sobre la actual situación política. Ha nacido de la preocupación por responder a las inquietudes de grupos cristianos interesados en conjugar su fe con la lucha por la justicia desde la política. Incluye una guía pedagógica para una educación en el compromiso político y está especialmente indicado para la formación social y política de comunidades y grupos cristianos que buscan un lugar desde el que trabajar por la transformación social.

Texto publicado en Apagea.- http://www.agapea.com/libros/Fe-y-politica-El-compromiso-politico-de-los-cristianos-en-tiempos-de-desencanto-isbn-842931086X-i.htm

Por INÉS LLERANDI HERNÁNDEZ

Nos damos cuenta de que el hambre de espiritualidad es como un gemido en nuestro pueblo. Al constatar que los grandes ideales y sueños prometidos y buscados se han derrumbado se genera un anhelo de “algo más” que va más allá de la satisfacción incluso de necesidades.

“La nueva espiritualidad se presenta como amante de las experiencias intensas que mezclen sentimiento y racionalidad en una nueva síntesis. El libre juego del sentimiento y la psicología nos está planteando la necesidad de esta espiritualidad encarnada, liberadora e inculturada” 1.

ESPIRITUALIDAD ENCARNADA Y LIBERADORA

¿Cómo imagino esta espiritualidad?


Una ESPIRITUALIDAD

  • ¨ que nace de la intervención de Dios en nuestra vida, de SU iniciativa: “me sedujiste” y nuestra respuesta personal y comunitaria: “y me dejé seducir”… Dios que irrumpe en nuestra vida DEJÁNDOSE experimentar por nosotras/os y nuestra respuesta, nos retira al desierto de la ORACIÓN y la CONTEMPLACIÓN donde Dios nos quiere hablar al corazón (Os 2, 16). Pero el Señor no nos manda al desierto para “sacarnos del mundo malo”, sino para enviarnos a él, como desde la experiencia del Horeb, envió a Elías a intervenir en la historia de su pueblo (1 R 19,9-18).

  • ¨ Es vivir dejándonos conducir por el Espíritu; entrar dentro del movimiento del Espíritu para detectar su presencia en nuestra vida y actuar según su voluntad…

  • ¨ Es encontrarlo a Él en todas las cosas” (San Ignacio de Loyola)

ESPIRITUALIDAD ENCARNADA

Es una nueva búsqueda de vivir la encarnación como presencia de Dios en el mundo, en la vida cotidiana de las personas y en la historia de los pueblos.

Encarnada quiere decir contraria a falsos espiritualismos o a “espíritus” que no se soporten en la carne, es decir en la condición humana, con todo lo que ella conlleva de fragilidad y de grandeza.

Una espiritualidad que maneja lo cotidiano, como lugar de encuentro con Dios, que habla al Padre del drama de sus hijos y habla a los hijos-hermanos, de las propuestas de Vida de Dios.

Se trata de cultivar una espiritualidad que se alimente de la lectura de los dos libros a través de los cuales Dios nos habla: el libro de la VIDA y el libro de la Biblia. Leer el uno a la luz del otro. Es decir, nos invita tanto a aprender a discernir los signos de los tiempos y dejarnos interpelar por ellos a la luz de la Palabra del Señor como a leer la Biblia desde nuestra historia y situación.

Esta lectura de la Palabra de Dios es siempre eclesial, se da en una comunidad de fe y desde una comunidad de fe. La santidad no puede ser un hecho privado y la vida espiritual debe ser vivida en estrecha relación con los demás en un continuo intercambio vital, que hace verdadera y concreta nuestra búsqueda. Por eso es necesario tener una “comunidad de vida”, comunidad de referencia que impulse y estimule nuestro crecimiento humano y espiritual y que nos lleve a comprometernos en la transformación de nuestra sociedad.

La espiritualidad encarnada es una continua invitación a ir a ver dónde reposa el Niño que nace en la periferia porque los poderes imperiales le persiguen. “La espiritualidad encarnada es constitutiva de la opción por los excluidos, de ellos bebe como manantial de aguas frescas capaz de devolver a la vida entusiasmo y alegría para glorificar y alabar al Dios de lo pequeño”. 2

ESPIRITUALIDAD LIBERADORA

Y porque es encarnada es liberadora, porque Ese que se contempla en el pesebre es “un Salvador, el Cristo, Señor” (Lc.2,11). Libera desde esta fuerza de Dios que emerge de la pequeñez de una cuna humilde y no desde los palacios de los reyes o de las mansiones de los nobles. Los procesos de un compromiso liberador tienen que pasar por la conciencia de la fuerza de lo pequeño.

Espiritualidad liberadora porque cree en la comunión y en la fuerza de la organización comunitaria como lugar privilegiado de presencia del Resucitado en la Historia. Desde aquí descubre su dimensión política, es decir, la necesidad como comunión de hermanos de incidir sobre el gobierno, sobre los mecanismos de poder y las orientaciones y objetivos que ellos tienen. No ha pasado ni puede pasar ese componente político unido al componente místico de la espiritualidad liberadora. Esta es una de sus características fundamentales porque la demonización de lo político ha sido y sigue siendo coartada que justifica los sistemas dominantes.

La Iglesia si bien “ha de mantener independencia respecto a los poderes que dirigen los ámbitos político, económico y social, ser independiente no se confunde con una mera neutralidad, como si la Iglesia quisiera y tuviese que permanecer indiferente en la organización socio-política que funcione en el país. En esta preocupación por la vida y dignidad de todo ser humano la Iglesia debe levantar su voz profética, denunciando los pecados y las injusticias, sin temor a los poderosos, pero siempre con misericordia” (Obispo José Siro)…

Por último, y sin intentar agotar o concluir el tema, me gustaría decir que toda espiritualidad cristiana es, en el fondo, la espiritualidad de Jesús, según su Espíritu. Su opción deberá ser nuestra opción, sus actitudes nuestras actitudes, su praxis nuestra praxis. Para nosotras/os, como para Pablo, vivir es Cristo y morir con Él y por Él es la verdadera ganancia. (Cfr. Casaldáliga Pedro, CMF «Nuestra Espiritualidad»).

Bibliografía
1. ARNOLD, Simón Pedro OSB
Espiritualidad, Experiencia de Dios y Espiritualidad. Revista CLAR año XXVII no. 1
2. CLAR XXX- Junta Directiva Honduras, 1997
3. CLAR XIII Asamblea General Lima, Perú, Junio 97
4. Mons. José Siro González Bacallao, Obispo de Pinar del Río, Misa Crismal, abril de 2003 Homilía: La presencia pública de la Iglesia en la sociedad. Publicado por revista Vitral mayo junio, año X no. 55
5. Casaldáliga, Pedro, CMF. Artículo: Nuestra Espiritualidad.

Publicado en la Revista Vitral.- http://www.vitral.org/vitral/vitral58/relig.htm

¡Bienvenid@ herman@, ciudadan@ del universo, a este gran banquete!

Bienvenid@ a este espacio comunitario de vida, esperanza, fraternidad y misión.

Te ofrezco una selección cuidadosa de platillos suculentos de sabiduría, preparados por mujeres y hombres de fe, de todo el mundo. Tod@s ell@s, con su pluma y con su vivo testimonio de servicio y solidaridad, -comprometid@s en la nobles causas de la justicia, la libertad, la democracia y la paz-, comparten contigo su fe y su llamado:

  • a iniciar o a fortalecer tu conversión personal y tu compromiso por el cambio social, desde una espiritualidad liberadora,

  • para sumar esfuerzos en la construcción de una humanidad nueva, fraterna: de personas libres de la opresión, que ya no sean excluidas del banquete de la creación; de personas libres del egoísmo, que ya no opriman a sus herman@s.

Que disfruten de este espacio de espiritualidad y servicio, desde la fe hacia la justicia, pues “esperamos, según la promesa de Dios, un cielo nuevo y una tierra nueva donde todo será justo y bueno” (2 Pedro 3,13). La fe es creer en esas realidades que aún no vemos; tener fe es realizar lo que esperamos (Hebreos 11,1).

Dar Vida en Todo

R@M,

desde México para el Mundo